La pulsión de la búsqueda

Poesía, de Alexandra Pagán Vélez

Ideas y poesía: cuarta entrega. Conversan Alexandra Pagán Vélez e Iris Mónica Vargas.

Iris Mónica Vargas: Este hábitat (por llamarlo de algún modo) virtual de la Red, ofrece posibilidades que iremos descubriendo sobre la marcha. Eso nos dijo, durante un seminario, hace ya algunos años, uno de mis profesores de escritura. Sin embargo, todavía su aseveración hace eco en mi mente. Pensar que somos nosotros, quienes vivimos este momento, que bien podría ser de transición o transitorio, los que tenemos el potencial de generar lo que existirá más tarde, el modo en que se entenderá el funcionamiento de estas ciudades, sociedades, y comunidades virtuales, no cesa de llenarme de energía creativa. En mi caso, tiendo a verlo como un espacio con el potencial para expandirse, sin tener que convertirse en territorio (es decir, sin jurisdicción) donde, en principio, podría tener lugar la libertad de la creatividad, inclusive para no continuar contenida dentro de los mismos prejuicios (jerarquías, autoridades, convenciones) que le definen en el espacio de carne y de hueso. Sin embargo, en muchas ocasiones quienes podríamos redefinir, o simplemente, dejar ser, en libertad, esos espacios, no lo hacemos. Volvemos a caer en convenciones ajadas y repetidas. Recreamos, en su lugar, lo que ya existe. ¿Cómo piensas tú, Alexandra, como creadora, estos espacios virtuales? ¿Cómo les concibes o imaginas? ¿Qué te ofrecen? ¿Cómo impactan la creatividad y a quienes crean?

Alexandra Pagán Vélez: Lo virtual es un espacio que pudiera ser democrático, transnacional y transgénerico (en el sentido del género literario). Pero lo virtual es un espacio con sus propios límites a los que le añadimos lo tecnológico, la inteligencia artificial y demás herramientas propias de todo este boom que nos ha traído la Internet y la nanotecnología. Yo estuve un tiempo pensando en eso de la inteligencia artificial, en los códigos propios de la poesía, ambos funcionan desde una codificación expansiva. Me pregunto si será posible un tipo de algoritmo que desde una base de datos (que reúna, digamos, toda la poesía publicada en las redes bajo dominio público) genere poemas. ¿Cómo serán? ¿Qué tendrán que decir? Y entonces me digo que la IA no tiene una experiencia de vida, pero eso es parte de otro tipo de codificación que también puede recogerse en las redes. Veo en todo esto de una poeta IA unas posibilidades interesantísimas de ver una transpoesía (y ya aquí no hablo del género poético, sino de la propia configuración de la poesía, una deconstrucción profunda, problemática e incómoda).

En algún momento pensé en cómo el papel delimita las extensiones de los versos y los poemas; lo virtual, en sí mismo, plantea una pregunta en torno a lo real y en torno a lo que percibimos como real. Más allá de la propia física cuántica, lo virtual supone una transdimensionalidad que ya pudiéramos pensar si hay un haiku en el cual ya la naturaleza sea la propia codificación binaria o la “naturaleza” de los algoritmos. Yo no estoy allí, soy inmigrante digital y mi manera de ver el mundo es muy análoga y material (desde lo filosófico). Sin embargo, puedo imaginarle posibilidades caóticas, expansivas, deconstructivas y regenerativas a lo virtual.

Ahora bien, si te refieres a lo virtual desde el vínculo de lo humano, pues allí lo que veo es una macrocomunidad, que va hasta más allá del lenguaje. En lo inmediato, puedo hablar a la misma vez con poetas en todo el mundo y leerlos, y ahora, tras y en el COVID, tener encuentros que pueden accederse simultáneamente en el mundo entero… ¿Qué vamos a comunicar desde esa experiencia? ¿Qué modos compartiremos, cambiaremos y sostendremos? Este tipo de pregunta se responderá bien en el futuro… aunque a veces creo que el futuro pasó hace rato.

De la escritora Alexandra Pagán Vélez

IMV: Escribiste en un poema que “cuando solo puedes escribir sobre tu pasado, sientes que no te pertenece el futuro”. ¿Sientes, de algún modo, que es necesaria, en la literatura, además del conocimiento del pasado, cierta distancia de lo conocido, de lo heredado, para ser capaz de innovar, o simplemente, de ser quien puedes o quieres ser como ente creativo? ¿Qué piensas?

APV: Eso lo escribí pensando en mi vida desde lo autobiográfico. Antes creía que había que distanciarse, pero la innovación es una ilusión muy ingenua… sobre todo en el género poético, aun así, es una apuesta con la que me gusta jugar y una esperanza seductora. Creo que la literatura toda es una conversación y una fiesta. El modo en cómo nos acercamos, compartamos y decidamos proyectarnos tiene mucho que ver con la personalidad de cada una. Ahora que soy adulta cuando voy a una fiesta saludo a les que ya estaban antes de yo llegar, me acerco a les mayores y les muestro mis respetos, escucho y me integro en las conversaciones; a veces propongo nuevos temas o digo cosas por chavar y que haya risa o provocación. Pero no me alejo, me quedo cerquita de las corillas que van conmigo y así festejo o converso.

 

IMV: Heredamos muchas cosas: algunas hermosas y otras terribles. A veces pienso que heredamos enfados que ya no nos pertenecen. Existen voces que no nos pertenecen por herencia y, sin embargo, son capaces de hablarnos al oído, con muchísima ternura. A veces tengo experiencias así: una escritora|un escritor de una cultura ajena a la mía, que me habla a través de su trabajo, y consigue explicarme algo sobre mí misma que no había podido ver de otro modo, porque logra presentarme algún aspecto de mi humanidad que no había podido indentificar anteriormente por encontrarme demasiado cerca de mi preocupación. Me parece que podemos creer que es nuestro contexto inmediato, por ejemplo, el ser isleños, el determinante principal de nuestras preocupaciones más importantes. No obstante cuando leo a alguien proveniente de un contexto cultural completamente distinto al mío, y cuyas precupaciones son impresionantemente similares a las mías, empiezo a conceder que el factor principal en todo esto es nuestra naturaleza humana, independientemente del grupo al que pertenezcamos. ¿Te ha ocurrido algo parecido?

APV: Totalmente… sin embargo, no concurro en eso de que “heredamos enfados que ya no nos pertenecen”, honestamente, no sé bien a qué te refieres porque si hablamos en un sentido histórico-político, esos enfados nos pertenecerán en la medida que no haya reparación sobre ellos. Nos deben un montón y ser isleñas no es el problema, es ser colonia víctima del capital patriarcal y del neoliberalismo. Ciertamente hay unos asuntos medulares que trascienden estas construcciones de pensamiento y allí es que vemos cómo somos todes de un mismo planeta y de una humanidad que, a la hora de la verdad, es bien jovencita en términos del tiempo que lleva en el mundo y de cómo ha sabido pensarse. Sin embargo, bajo ninguna forma me parece adecuado, justo ni propio (y menos en esta época) desligarnos de las luchas del país.

 

IMV: Las migajas son un acertijo y un mapa”, escribes. Me fascina tanto esa imagen. Siempre que doy un paseo por las calles alrededor de mi vecindario, ocurren pequeños encuentros capaces de revelar cosas importantes. Son cosas muy pequeñas también, pero se sienten como diminutas explosiones de verdades que apenas entonces alcanzo a comprender. Sé que no soy el único ser humano a quien ocurre esto. Puede ser, por ejemplo, una abeja moribunda dando sus últimos saltos sobre la acera, y la esquivo para no pisarla. Luego me pregunto por qué. ¿Qué me ha hecho respetar lo que antes no? Y el acertijo, la pregunta, va haciéndose camino hasta la página. ¿Cuál se te antoja como el acertijo en tu poesía (en tu proceso), y cuál el mapa?

APV: Estoy tratando de ser una mejor persona, todavía no sé qué quiero decir con eso: trato de ser mejor… supongo que “más allá del bien y el mal”, como diría Nietzsche. Esa es una constante, y la llevo a todas mis interseccionalidades y mis búsquedas que son a través de lo que vivo, hago, pienso y siento. Pero la palabra clave es ‘trato’, es un camino. Esa búsqueda, desde el lenguaje, es mi mapa y mi acertijo en la poesía, pero reitero que va más allá de la moral, y por supuesto, en oposición a la ideología dominante.

IMV: ¿Cómo crees tú, Alexandra, que funcionan la memoria y la inspiración en la poesía?

APV: Te citaré algunos poemas:

Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones
[…] (Goytisolo)

la poesía/ tiene el privilegio de anularse /desechando pieles abscesos cicatrices /su naturaleza es omnívora /su platillo predilecto /es /la carne propia. (Nicole Cecilia Delgado)

El concepto del tiempo es fundamental en lo que llamamos memoria, y la poesía se asoma desde su atemporalidad, así que hay unas paradojas interesantes cuando concebimos tiempo/memoria en la poesía. Pero hay, sin duda, una autorreflexión en la poesía desde la memoria.

Por su parte, la inspiración es otra ilusión ingenua, pero a la que también apuesto. Mas nunca espero por ella porque es muy caprichosa y adictiva, la inspiración es el opio de las escritoras (es broma), pero sí, la inspiración ocurre de pronto tras el esfuerzo imaginado, sentido, vivido, pensado… allí la memoria es el motor. La inspiración es un high efímero y errático; la memoria se trabaja y está allí disfrazándose de palabras, hablándote hasta en los sueños; hasta haciéndote quedar mal.

La memoria es lo que nos nutre. Mi madre, que tuvo Alzheimer, me lo demostró claramente: somos memoria. Sin memorias no hay poesía lírica, pueden darse otros modos poéticos, pero la poesía lírica es memoria.

 

IMV: Leí en una ocasión una cita del filósofo Plotinus donde decía que en aquellos momentos cuando somos más eficientes, cuando realmente estamos absortos en nuestro quehacer, cuando entramos a nuestro trabajo, es cuando estamos dejándole atrás. Y que cuando llegamos a esa etapa, a ese momento, contradictoriamente, empezamos a dudar de que la experiencia sea real, porque nuestros sentidos comienzan a protestar alegando no haber visto nada. No haber sentido nada. Que, por lo tanto, en esos momentos donde la experiencia de encontrarse creando se experimenta como algo, digamos, espiritual, existe una especie de inconsciencia al respecto. Ese tipo de cosa me ha ocurrido algunas veces, y ha sido esa duda, precisamente, la que ha interrumpido el momento. Yo creo que es eso a lo que llamamos, muchas veces, “fluir”, ¿no? ¿Cuál ha sido tu experiencia con todo esto?

APV: Es ponerle palabras a lo experienciado lo que nos lleva a esa duda. Si venimos a ver, el lenguaje nunca acierta en eso de comunicar lo real, por ello, se recurre al arte, a las matemáticas, a la religión… La poesía busca devolverle a las palabras eso de ser experiencia. Es un trabajo muy complejo… muy serio y que lamentablemente va destinado al fracaso (por valerse precisamente de lenguaje)… Mas aun así, la pulsión de la búsqueda es tan fuerte que no nos damos por vencidas. Lo que me pasa con la poesía es que es “un instrumento de futuro”, eso lo dijo Celaya, pero yo lo veo como que en esa búsqueda que tengo de entendimiento, compasión, rebeldía y fuerza (ser mejor), leer los poemas que ya escribí hace un tiempo me revela, a lo acertijo, nuevas experiencias y me veo mejor (parte esencial del intento)… con más capacidad para entender y entenderme. En mi gesto de apalabrar, hago como dices, “fluir”, pero en la edición retomo unas consideraciones: 1. Que estoy entrando en una conversación que lleva rato y debo contribuir de algún modo; 2. Que mi texto debe honrar mi proceso, el proceso de las mujeres, y mis propios intentos poéticos; 3. Que ya en ese proceso de edición poco importa lo que empujó o motivó el texto; ahora me toca darle autonomía y estilo al poema.

 

IMV: El aspirante a comediante no logrará ser gracioso en la medida en que se sienta ansioso como consecuencia de su preocupación por ser gracioso. Y creo que la/el poeta tampoco. Me parece que en cierto momento debe uno olvidar que está escribiendo poesía, no preocuparse de si va o no a ser considerada/o poeta, y simplemente escribir, con la libertad de quien puede o no ser, y a quien no le importa el título sino la felicidad durante el proceso de creación, siendo, simplemente, quien es, como único puede y sabe serlo. ¿Qué piensas de esto?

APV: Exacto, en el momento de ser, se es. Como cuando se juega. Me gusta correr y cuando juego con mis hijos a perseguirnos, se me olvida hasta mi nombre, mi edad y dónde estoy y… me lo gozo, como dice Tego. Voy a las millas (es un decir, no es que sea la más atleta) y trato de esquivar y parezco una yegua por ahí. Yegua, perra, hasta pajarita me creo y me llevo el mundo enredado, si me entorpece el camino.

Para mí cuando se escribe una debe soltarse y jugar. Eres diosa, demonia, víctima, victimaria, eres palabra y vida, eres poesía… y ese momento es único y es lo único que tienes. Ya después es tu deber saber qué haces con esa gesta, con esa pulsión, con ese derroche de ser… a veces quedó allí y es parte de esas memorias que más adelante pueden retomarse en la poiesis; otras veces, se siente (y se sabe) que ha de compartirse (por las razones que sea) y entonces allí, es un deber -para tu poesía, editarla.

Que sea poesía, prosa, cuento, no ficción, autoficción, crónica o cualquier otro texto literario, te corresponde a veces a ti como escritora decidirlo, otras al editor y otras a los críticos, pero eso da igual. La literatura es un goce íntimo, un encuentro con las palabras y la existencia, es correr como yegua, perra, hasta volar como pajarita y hasta con los ojos cerrados, riendo, llorando, rabiando, cantando… es lo mejor que hay y es un trabajote, pero ¡qué gusto da!

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A continuación, poesía, en manos e intelecto de Alexandra Pagán Vélez.

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De la poeta Alexandra Pagán.

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Alexandra Pagán Vélez (Yauco) es poeta, narradora y ensayista. Su libro juvenil, El diccionario y el Capitán (Editorial Preámbulo, 2010), fue considerado uno de los mejores del 2010. Además, es autora de los libros Amargo (Secta de los Perros, 2014; 2ª ed. de autora, rev. y aumentada en 2018), Eneida y Martín: dos coquíes muy distintos (libro de cuentos infantil, Santillana, 2018), horror-Real (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2017, en reimpresión), Del Alzheimer y otros demonios (Editorial EDP, 2014), Relatos de domingos (Editorial Espejos de Papel, 2014), y Cuando era niña hablaba como niña (Calamar, 2014). Asimismo, obras suyas figuran en las antologías Aquelarre de cuentos (en imprenta), Más que islas. Antología de cuentistas del Gran Caribe hispano (2019), A toda costa. Narrativa puertorriqueña reciente (2018), Cuentos de huracán (2017), Plomos (poesía, 2012), Convocados. Nueva narrativa puertorriqueña (2009) y Los otros cuerpos. Antología de temática gay, lésbica y queer desde Puerto Rico y su diáspora (2007). Tiene inéditos el poemario Guagua y ciudad, la novela 1989 y está escribiendo una novela preliminarmente titulada Secretos. Actualmente funge como profesora en la Universidad de Puerto Rico (Departamento de Español y Programa de Estudios de la Mujer y Género) y Universidad del Sagrado Corazón (Programa Graduado de Escritura Creativa) y reside en Santurce con sus hijos Nicolás y Lucas, y su perrita Rima.

Iris Mónica Vargas es poeta y físico. Su más reciente libro es El día en que dejamos la tierra (inédito). Ha publicado La última caricia (Terranova Editores, 2014), y El libro azul (Snow Fountain Press, 2018). Este último recibió un premio PEN Puerto Rico Internacional.

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Foto de portada: Iris Mónica Vargas

Fragmentos de fotos con poema: artículo El Nuevo Día

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