¿Cómo habla una mujer? ¿De qué habla?

Poesía e Ideas

Una conversación de Madeline Millán, e Iris Mónica Vargas: Primera parte.

Nota: Ideas y poesía no es un “manual para escribir”. No es prescriptiva. Es una conversación entre dos personas acercándose a ideas relevantes en nuestra experiencia actual. Es una conversación que pretende generar ideas tanto en quienes la sostiene como en quien nos lee. Cada cual tiene su propia experiencia al escribir. Escuchar la experiencia de los demás, saber que existe, genera más ideas. Ese es el propósito de Ideas y poesía: pensar, existir, compartir.

Iris Mónica Vargas: Has sugerido que leamos la poesía como filosofía, dentro del contexto de quien dice que en Latino América no contamos con un gran número de filósofos. Exhortas a incluir la poesía indígena y las voces de “las mujeres que no hablan como los hombres”. Aquí hay varias ideas que encuentro muy interesantes. En mi caso, Madeline, siempre he pensado que la poesía es capaz de operar como filosofía, porque, muchas veces, trabaja precisamente como vehículo que presenta, o ejemplifica, las causas y los efectos de la naturaleza sobre el ser humano. Y porque recoge el pensamiento de ese ente que piensa. En tu caso, al proponer el ejercicio de la poesía como equivalente a la filosofía, ¿a qué te refieres?

Madeline Millán: Existe una poesía apegada al pensamiento filosófico y, por lo general, el verbo “ser” la capitanea produciendo un pensamiento parecido al que encontramos en las sentencias. El amor al conocimiento en la poesía, sin embargo, añade otros aspectos como el amor a lo bello, no enfrentado a lo feo, sino como búsqueda de su propia y particular belleza según cada autoría y género. Sí, el poema en verso o el poema en prosa no solo nos ofrecen poesía; cantidad de novelas nos han demostrado que a veces hay más poesía en una narración que en un poema que se haya concebido como tal.

Cada recurso y muchas figuras retóricas exigen del lector/a una participación para, juntos, descorrer el velo. Aún así esto no basta porque el velo tal vez sea el territorio por excelencia donde habita el poema. El conocimiento que maneja el o la poeta consiste en conocer su arte. La cuestión de la filosofía en la poesía no se resuelve como un relato detectivesco. Alcanzar una repuesta no agota el misterio y el velo vuelve a caer. Ese “Yo solo sé que no sé nada” del filósofo Sócrates por vía de Platón en Lorca, por dar un ejemplo, es igual. Como bien decía el poeta granadino, no es que no conozca su arte sino que este conocer le permite acercarse pero no de forma concluyente: “Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé.” Las poéticas ciertamente sirven para responder esta pregunta. Y ese no sé como también aclara Lorca no implica ignorancia. Muchos poetas se han dedicado a este asunto y podría, hacienda un paseo entre mis libros y memorias, dar nombres de muchísimos/as poetas. Las que más me vienen a la mente —porque además busco un balance entre la citas para que no se siga pensando que las mujeres no aportamos mucho en estas discusiones— es María Zambrano quien nos dice en Filosofía y poesía: “En lo que no están jamás de acuerdo [filosofía y poesía] sería en el método. La poesía es ametódica, porque lo quiere todo al mismo tiempo […] No distingue porque no decide, porque no se decide a elegir, a escindir nada; ni las apariencias, del ser; ni las cosas que son, de sus orígenes; ni su propio ser de allí donde saliera”. Creo que esta cita hace eco de las palabras de Lorca. Pero, igual que busco hacer balance y justicia citando a una mujer en las letras y en la filosofía, de igual modo descubro que dejamos fuera de la historia el conocimiento que aportó a la poesía hispánica la poesía de nuestro continente americano.

Crédito de fotografía: Iris Mónica Vargas (2021)

IMV: ¿Por dónde empezamos?

MM: Por Sor Juana Inés y Rubén Darío en nuestras letras americanas. No voy a citar más a otros poetas porque eso ya sería una tesis y un atentado enciclopédico que incluiría la poesía indigenista y el africanismo de un Palés Matos, un Nicolás Guillén y una Nancy Morejón aunque en menor grado. Sí quiero repetir lo que he dicho en muchas charlas sobre fotografía, cine y poesía. La poesía excede su lengua y traduce la percepción de algo en forma de escritura. El silencio musical y el silencio en la imagen se traducen en la poesía de otro modo (estructura, ritmo, métrica). La metáfora y el símbolo son sus misterios.

Se trata de un lenguaje que nos llega poéticamente no solo por la palabra o dentro del género que llamamos poesía.  De hecho, no todo poema se transforma automáticamente en poesía. Esta redundancia se explica mejor con la expresión “¡Qué poético! en boca de personas sin oficio de poetas, quienes, sin embargo, perciben ese lenguaje fuera de la escritura. Se oye incluso cuando alguien contempla un cuatro o una fotografía. En la filosofía como en la poesía solo sabemos que no sabemos nada porque nada de lo que digamos del poema nos basta para aprehender o poseer una respuesta única o unívoca. Tenemos desde poesía mística hasta poesía escatológica. Vamos de lo sublime a lo grotesco, de lo serio a la risa. Cuando Quevedo escribió “Gracias y desgracias del ojo del culo” hizo tanto filosofía como poesía, aunque los puristas de uno u otro bando digan que no es ni una cosa ni la otra. Y hasta el romántico Bécquer se atrevió no solo a filosofar sino a comentar política y jocosamente poetizcando en “Los Borbones en pelotas”. Todos estos poemas podrían decirse que son filosófico-humorísticos. Nos dan una divertida reflexión y respuesta a una pregunta. Con las mismas pretensiones filosóficas, el poeta Quevedo define desde el verbo ontológico “ser” que da pie a una definición:

Alguien me preguntó un día

¿Qué es un pedo?

Y yo le contesté muy quedo:

el pedo es un pedo

Ese común denominador ¿qué es lo poético y qué la poeticidad participa de una serie de elementos lingüísticos y retóricos que, a su vez, pueden encontrarse en los análisis de otros lenguajes de intención artística. Por ejemplo, Llorenc Raich Muñoz en sus sendos libros Fotografía y motivo poético y Poética fotográfica no hizo sino ahondar en un presupuesto comparativo que viene dándose desde la antigüedad pero con la pintura.

De esto modo, en sus dos libros cita a Simónides de Ceos; […quien, según transcribe Plutarco, llama a la pintura poesía silenciosa y a la poesía pintura parlante; pero también, y ante todo, es, en la actualidad, un posicionamiento a favor de la continuidad y la vigencia del Ut pictura poesis horaciano.

Dije que citaría en balance a hombres y mujeres poetas, filósofos y teóricos; dije que también intentaría no corregir —porque eso es mucho pretender— sino despertar cierta conciencia que nos permita tender los hilos de un puente. Llorenc Raich Muñoz en sus dos maravillosos libros no cita a ningún o ninguna poeta de nuestro continente americano. Tampoco a los teóricos que encontramos en México, Argentina o Brasil por mencionar aquellos países que tuvieron una industria cinematográfica y, por lo tanto, estudiaron la fotografía y poesía en el cine. Solo menciono estas urbes sin negar que cada país, desde el más grande hasta el más chiquito, revelaría la filosofía andante de nuestra América. Todos esos lenguajes poéticos son el material desde donde se construye un discurso no tradicional filosófico. Otros autores como Pasolini practicaron una filosofía de los actos de creación poética vertidos en guiones y poemas-guiones. No se limitaban a escribir sino a hacer, a presentar los cruces y posibilidades escénica y de performance. El peruano radicado en Italia, Jorge Eduardo Eielson. hizo estos malabares con instalaciones, textiles, etc. Su propuesta iba del estudio de los quipus incaicos a los nudos en la fabricación de objetos de artes, de instalaciones, y poemas que constituían pequeñas unidades o “nudos” dentro de la composición casi musical dentro de los espacios de las páginas.

Cierro tu pregunta con una provocación: el pensamiento poético que nos viene a través de lenguas indígenas o la manera de pensar de las mujeres poetas ocupa un lugar inferior para muchos sectores, tanto en lo religioso, filosófico, literario, etc. Rosario Castellanos intentó hacer justicia a otras mujeres en su libro “Mujer que sabe latín…” El trabajo de filosofar tendría que buscar en las periferias del saber ortodoxo. Es una obligación de las escritoras y escritores con mayor nivel de conciencia hurgar en el saber y dar con respuestas que no han sido convalidadas históricamente.

IMV: ¿A qué piensas, Madeline, se debe el que tiendan a privilegiarse ciertos grupos como quienes sí hacen poesía y/o filosofía?

MM: Lo que se diga de todo grupo marginado debe aplicarse a una cultura que privilegia una forma de escribir por otra (de pensar). Cuando observamos un encuentro de poetas y se toma como cosa normal que no haya ni una sola mujer estamos privilegiando una forma de pensar por otra. Incluso, se llega a afirmar que no existen más mujeres poetas porque el registro o poesía que producen es inferior. Esto se atrevió decirlo un representante del poder literario de la madre patria pero también críticos que han dictado como dictadores y afirman que hay países donde solo no hay mujeres poetas sino poetas, punto. ¿Y si le diéramos la vuelta al tornillo en esto de señalar un mal con el dedo de la lengua? Qué tal que el machismo que se niega ¿Machista, yo? sea la razón de esa invisibilidad. ¿No será que están buscando los huevos fuera de la canasta y con parámetros que algún día caducarán? Porque el fenómeno de Van Gogh o Séraphine Louis o de Senlis no son exclusivos de este sector creativo. Van Gogh no sufrió la suerte de Séraphine, una mujer insignificante capaz de producir obras para la eternidad. Séraphine no tuvo los cuidados y amores de un hermano sino de un “mecenas” o coleccionista de arte tal vez responsable directo de su locura y muerte. Habría que producir un efecto dominó en donde una pieza haga caer a las otras para que entendamos mejor desde la destrucción. Ahora en octubre la lista del Premio Nobel de literatura se dignó a integrar voces que no son europeas ni norteamericanas. Este año 2021 nos trajo al novelista tanzano/inglés Abdulrazak Gurnah porque ahora de repente, después de “Black Lives Matters”, la diversidad, el color y el sexo comienzan otra vez a tener un lugar más visible.

IMV: ¿Cómo plantearías el impacto de un lenguaje que en principio es sexista?

MM: Afganistán está estos días en boca de todos. No puedo evitar sentirme incluida en esa historia donde a quienes peor les va es a las mujeres aunque ellas incluso confiesen lo contrario, que le encanta estar así detrás de un bastidor colgado del cuerpo. A mí, nada más de verlo desde afuera se me asemeja a un oscuro confesionario de esos a los que entré alguna vez al hacer mi primera y última comunión. La historia parece ir en retroceso. Nuestras mujeres escritoras y lectoras asumen como propio el género masculino del lenguaje, y leen poesía escrita por hombres —la mayoría de la poesía universal— como propia; sin embargo, esta inclusión no es correspondida. Hay idiomas como el inglés donde el adjetivo no tiene género y, por tanto, se hace más invisible un lenguaje/lengua percibida como femenina. Si la temática es femenina entonces las posibilidades de conquistar esa audiencia mayoritaria masculina se reduce enormemente. Digamos que se trata de toda mención del cuerpo del delito como cuerpo de mujer desde el yo. El cuerpo es el centro del yo soy filosófico. Está en la periferia del Saber. No es del interés del consenso acerca de lo que es o no es poético a menos que contenga elementos del otro sector dominante. Tiene que haber re-conocimiento. Lo creado, aunque pertenezca a lo femenino, es masculino (mito de la maternidad en Frankenstein, Rosario Ferré). “Hombres necios que acusáis” es un poema filosófico y contestatario contra una cultura machista en la pluma de una mujer poeta. Esperamos desde entonces un poema en manos de un poeta que tome ese lugar y diga lo mismo.

Crédito de fotografía: Iris Mónica Vargas

IMV: Regresando a otro aspecto que me parece interesante de lo que mencionaste sobre leer la poesía como filosofía, te cuento que cuando yo era una niña, recuerdo muy claramente, pensarme como una especie de consciencia que no era niña ni niño. (Bueno, en aquel momento no habría usado la palabra consciencia, sino algo así como “algo”.) Y eran quienes estaban alrededor mío los que intentaban ponerme los vestidos en todas sus dimensiones. Una vez escribí un poema sobre el modo en que era un rizo, largo, que se desprendía de su arreglo sobre mi cabeza para caer sobre mi frente o tocar mi mejilla, lo que me recordaba mi condición de niña. Utilizo la palabra “condición” muy a propósito porque sentía que, de alguna manera, dentro de mi entorno, era una especie de obstáculo para mi libertad. Estoy consciente de que esto es una experiencia específica y particular, y que según el lector o la lectora y su propia cosmovisión, pudiera parecer extraña. Pero a veces cuando escribo, lo hago como ser humano indefinido. A veces me siento así: que no soy una cosa ni otra. Y en otras ocasiones solo puedo aspirar a escribir así, y me parece importante. No obstante, otras veces siento que para expresar lo que quiero expresar estoy obligada a considerar mi fenotipo específico, no solo la idea, interna, que tengo yo de mí misma. Quiero decir, por ejemplo, que soy una mujer, pero a menos que me mire al espejo o vea una fotografía, cuando me encuentro en el interior de mi mente, de lo que sea que soy o habito, simplemente soy algo que no es eso específicamente y que es todo al mismo tiempo. Soy, y soy de una manera que no se siente estar limitada por género o forma. Otras veces, no puedo evitar ser lo que otros dicen que soy, lo que miran que parezco ser. Por eso se me ocurre preguntarte, ¿cómo hablan, entonces, las mujeres que no hablan como los hombres? ¿Qué significa eso para ti? ¿Cuán importante crees tú que es?

MM: “A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito”.

—Rosario Castellanos

De esta cita autorizada, el título de su obra feminista “Mujer que sabe latín” daría la respuesta y, luego, quién nos entiende. Desde el panteón de las discusiones hoy día anda en boca de todos, sobre todo hombres, el asunto de un lenguaje inclusivo. Para mí sería un intento de hacer de lo invisible —un invisible infiltrado— con un disfraz que pone en crisis la “a”, la “e” y la “o” e introduce un símbolo @ o /: tod@s o todos/as.

Este es un tema peliagudo que solo desde una historia de las feministas en nuestra lengua podría retomarse. Como con el asunto del aborto pienso que, por respeto, los hombres deberían aprender a escuchar primero en esta ocasión y escuchar con respeto a aquellas escritoras que están intentado un equilibro en la repartición de dones y panes.

Las mujeres que hablan como los hombres, aunque usen las mismas palabras, se expresan con valores de pensamiento sexistas los cuales son también ideológicos. Contrario al hombre que no habla o no debería hacerlo como una mujer, pues si hablara como una se auto degradaría, cuando una mujer se pone el vestido de Juana de Arcos para entrar al campo de batalla busca mostrar con ese disfraz de soldado que puede ser una igual: fuerte y valiente. Subrayo la “e” muy adrede.

Este podría ser uno de los disfraces del adjetivo que una Juana de la literatura solucionaría en la escritura. Por lo menos, ese disfraz le permitirá entrar a ese mundo al que no se le permite entrar. Sin permiso, Juanas polizontes de una literatura colonial de yola o lancha por los mares del planeta para pasar al territorio prometido de la libertad. Le creerían más si vieran que es un hombre y no tendría que forzar la entrada como un vampiro frente al umbral de una puerta. No sé si saben, pero entre las creencias del vampirismo existe aquella que dice que el vampiro no entra al espacio de la víctima sin que alguien, de algún modo directo o indirecto, le invite a pasar. ¿Cuántos organizadores de eventos literarios, antólogos, editores, etc., son al mismo tiempo el vampiro como el que auspiciador que invita a cruzar el cerco (su cerco) de la puerta”. Privilegian por compasión a una que otra escritora o mujer poeta.

El uso de un “le” por “lo” o “la” (ver bajo leísmo, laísmo, loísmo) muestra otro de los artificios y recursos de las Juanas y de las vampiras. Pude haber dicho “lo” o “la”. Cuando no somos invitadas para entrar hay que ser inventiv@s. A veces nos delatamos. La furia que se produce por parte del gremio profesional masculino tiene casi las mismas formas que el de otros juegos de ostracismos. El chisme, la insidia, las murmuraciones, los comentarios “inocentes” o condescendientes y la mentira son algunas de las armas preferidas para matar a las impostoras. Por lo general, las impostoras sufren de algún mal, o son libidinosas o locas.

Algunos escritores y artistas famosos de la historia que muchos habíamos creído que eran hombres fueron mujeres disfrazas haciéndose pasar por hombres. De ese modo extremo entraban al mundo literario y del lector. Abajo les copio una dirección para conocer algunas de ellas pero en todos los campos estas prácticas de infiltración son actos desesperados por aquellas mujeres que no encontraron otra salida. En estos tiempos en los que se plantean salidas en respuesta a una lengua sexista que ha servido para desgraciar nuestra identidad sexual, en vez de burlas o actitudes condescendientes, debería entenderse que son estrategias de supervivencia para muchas creadoras y escritoras. Y no solo es un problema en occidente. Hace unos años asistí a un congreso de escritoras japonesas quienes, para mi asombro, decían que en algunos géneros literarios no se les permitía entrar. En la historia de la humanidad tendríamos ejemplos para contemplar con otros ojos el “ningunismo o ningueno” con que se trata a la mujer artista y escritora, pero podría incluir a científicas también, arquitectas, ingenieras etc. Cada país borra de su historia a las mujeres, a veces de la forma más sutil. Mi misión es tal vez, como hago ahora, darles estas cápsulas del saber para sacudirnos la conciencia. Un verdadero crítico debería abordar este tema con justicia.

El disfraz reacciona, a su vez, al desnudo y desde él funciona. Como decían las pintoras del movimiento feminista “The Guerrilla Girls”, el problema de fondo es cómo entrar y no hacerlo por la puerta de salida o por la puerta de atrás como ocurrió en la historia de los negros en Estados Unidos y otros territorios. ¿Vamos a entrar en cueros cuando todavía las tetas y las curvas responden a los criterios de belleza, por la fuerza o con estrategias bien articuladas?

Esta capacidad de pelear o escribir como el que más se logra no por selección “natural” —one-in-a-kind— como dijo Mailer a Susan Sontag (más abajo explicado este encuentro), sino porque se hace el esfuerzo de mostrar cómo hacer un ejercicio inclusivo, justo y necesario como termina una oración católica que recuerdo de mi infancia terminaba así. “Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación…”

Alguien entre “Las Nadie” se convierte realmente en “Nadie” para ser Alguien. Cuando hablamos de lo que queremos hacer con ese lenguaje tan “manso” y cortés, lo podríamos hacer al estilo de Susan Sontag en respuesta a Norman Mailer. Sontag intervino en 1971 cuando Mailer, al presentar a Dana Trilling, la elogió con el término “A lady”. Un hombre no está sufriendo ni sintiendo la lengua desde este lado, no a conciencia, y muchas mujeres no lo analizan tampoco. El video que está en youtube y que van a disfrutar enormemente no hace sino más evidente el fracaso de este hombre —con el patrón de uno basta, eso espero, para explicarme—que se enreda más y hace más el ridículo frente a la audiencia. Norman Mailer al defenderse de la Sontag dijo “Diana is one in a kind.” En su intento de elogiar se enredó más y no hizo sino darle la razón a la Sontag. Este video muestra una crítica a una palabra “lady” usada por Mailer para subrayar el valor de la escritora y crítica. Pero hace poco un poeta uruguayo estuvo reaccionando en Facebook en contra de una lengua inclusiva y, como Mailer, se agarró de la expresión “señorita”. Mailer puso sobre el tapete las formas de patrocinio y ninguneo usadas todavía por un número x de hombres. La audiencia enel teatro donde se daba la conferencia comenzó, como podrán imaginar, a abuchearlo y a reírse de él. Hoy día los Mailer se cuidan mucho de cometer esos errores y ponerse en evidencia pero siguen pensando igual.

Cada vez que un Mailer hace un festival o un encuentro de escritores busca una “dama” destacada entre las mujeres. Esa mujer, a su vez, aprovecha su sitial y le cierra, a conciencia o no, las puertas a otras escritoras. Mientras ella esté a salva, que se fastidie el resto.

A mí, con mi segundo libro, me tocó descubrir los cercos que debía saltar. Como para muchas mujeres escritoras, se me ocurrió de alguna forma evitar que mi escritura dejara el rabo por fuera y se viera que una mujer iba al mando del timón porque en Leche/Milk yo era una de esas mujeres embarazadas, luego con bebé, que quiere compartir poéticamente una historia. Out/fuera de las editoriales tuve que regresar con una estrategia gracias a un editor que me dijo porqué no se molestó en abrir el libro. El título no vendía.

Ese libro se tituló originalmente “Nanas por Alphabet City (NYC de las avenidas A, B y C en Manhattan)”. Lo enviaba a editoriales con una foto de un letrero de esa parte de los barrios neoyorquinos. Leche/Milk, intentó que no se supiera de qué leche hablaba yo, desde qué territorio geográfico, así como tampoco que se movía entre qué dos lenguas. ¿Es literatura del exiliado, del emigrante o del polizonte? Sospechosa la práctica como quiera que se le vea, un libro que fue premio nacional no se nombra en las historias críticas más prestigiosas de la literatura nacional. No importa siquiera que sea avalada por una poeta de gran reputación incluso en el extranjero. No pasar la prueba de los valores estéticos y temáticos nos lleva a plantearnos muchas cosas. Ahora me pluralizo. Entramos a la literatura enfrentándonos a un gesto de desconfianza. A veces tenemos una especie de sensación de que estamos cometiendo un crimen o atentado contra algo; o que entramos a una fiesta a la que en verdad no hemos sido invitadas. Está implícito que somos culpables al no tener una mejor y más larga historia con ejemplos a granel para demostrar que podemos. El verbo poder que usó Obama en su campaña se usó también en el eslogan de publicidad de las mujeres obreras.

Sí, podemos, pero es un desgaste que del lado de los escritores no existe. Somos culpables por no escribir como los mejores y no sonar a ninguno de los clásicos. Hasta que no demostremos lo contrario durante mil y una noches, hablaremos como Sherezade para salvarnos del sultán Shahriar. Hablaremos en latín o griego como dice R. Castellanos para encontrar soluciones a un lenguaje sin sexo ni condenas. Un lenguaje que no dicte si habremos de morir o vivir como las predecesoras. El esfuerzo mental y psicológico que se experimenta en encontrar soluciones a este problema es tremendo. En vez de poner la energía en escribir debemos correr una milla extra para ver qué pasa después de que tenemos el papel entintado y peor, si llegamos a terminar un libro. ¿Y después…? ¿Y cómo…? ¿Y si…? ¿Pero si no…?

Esta victimización viene de una tiranía ejercida por espacios autorizados, grupos, instituciones, formas de poder del patriarcado y, cuando digo patriarcado, incluyo nuestras mujeres anti-feministas. Créanme, hay mujeres que están convencidas de que militar en el feminismo las degrada y las pone en evidencia, las convierte en blanco de burla. ¿Cómo ejercer una militancia después de los errores del feminismo más reciente en los años 60? Errores que son de esperar como ocurrió con las utopías llevadas a la praxis del comunismo en esos mismos años.

Reconociendo una prehistoria de logros y fracasos humanos al articular un feminismo literaria en esta lengua, seremos más generosas y más entendidas en saber cómo obramos tanto por nuestro lugar individual en este mundo como por nuestra historia colectiva. “Divide y vencerás” contrario a “Unidas, venceremos” lleva a dos respuestas

Un poeta muy allegado a mí me dijo que este resultado nosotras mismas lo habíamos construido.

Según él hacemos más por nosotras quienes íbamos de la apatía a la vagancia. No es poca cosa el que las mujeres sigan siendo las cuidadoras del reino de la casa y de los asuntos de la familia. Sí, este cacareo no es gratuito; y, nos guste o no recordarlo, está ahí cuando asistimos con nuestros hijos a eventos donde rara vez, o nunca, un escritor varón trae a sus hijos. Cuántas veces he visto poetas o colegas con sus hijos recién nacidos todavía agarradas a la teta o a la falda de su madre. Eso lo viví y lo vi en congresos de literatura al buscar trabajo en el mundo académico. Lo viví en festivales de poesía. Pero lo que más recuerdo es ver mesas atestadas de hombres sin una sola mujer en el grupo. Recuerdo escuchar expresiones de reconocimiento entre los varones poetas llamándose unos a otros en el saludo ¡Maestro! (En la calle a un respetable señor le dicen “licenciado” o doctor aunque no sepamos de dónde le vino el título). Recuerdo haber escuchado, como bien advirtió Susan Sontag, a sin fin de poetas y escritores hablar de mujeres escritoras con la etiqueta de “Lady”. En español se le añade más color con eso de “Es toda una señora”. El que tenga oídos para oír y cerebro para pensar entienda las connotaciones de carácter moral en esa frase. Recuerdo también aquellos tiempos cuando no me daba cuenta de las puertas que se abren cuando la libido todavía atraía a las moscas.

Crédito de fotografía: Iris Mónica Vargas

IMV: ¿Será posible, del todo, la construcción de, el progreso a, un idioma incluyente?

MM: La lengua con la que hablamos y hablemos no surge en un vacío. Entre la palabra y la cosa (concreta u abstracta) hay una correspondencia inexacta. Esa correspondencia implica valores de intercambio y lleva una marca en las vocales. Alguien escribió un meme o poema burlesco titulado “Por un idioma sin idioma”. Esta persona, tan autorizada como parece, no se dio cuenta que la terminación “ma” desde el título no viene del castellano sino del griego. Esto lo digo por aquello de que nos equivocamos mucho al juzgar y ver una parte por el todo como si fuera una sinécdoque o un enunciado de la verdad. No era una “a” sino “ma”. Aquí añado la terminación “ta” con igual origen. Con un conocimiento del idioma este progreso hacia una lengua menos sexista es viable respetando la morfología de la lengua que no está escrita en piedra. Conocer latín y griegos nos permitirá también crear un puente de posibilidades, y es solo el comienzo de una justicia. ¿Y cómo habla una mujer? ¿De qué habla?

Crédito de fotografía: Iris Mónica Vargas

IMV: Pues sí, ¿cómo habla una mujer? ¿De qué habla?

MM: La respuesta ya se dio, indirectamente, en discusiones de griegos y latinos acerca de las normas del recato (pudor o decencia). Se le atribuía este pudor a los géneros literarios de la comedia. La lengua de las clases inferiores era también inferior. La risa era producto de mentes poco finas y cultivadas. La risa que no era es lo mismo que la sonrisa modosita, discreta y enigmática de la Mona Lisa (Bergson) no provenía de asuntos serios en manos de los hombres. Las mujeres casquivanas y ligeritas aparecían en escena como protagonistas de esa lengua baja. Aquí, por supuesto, nosotras tenemos un papel central. Porque si anteriormente mencioné la palabra “Lady” o “Señora” como asunto de discusión (Sontag/Mailer), ahora quiero incluir la de “señorita” al lado de “señorito” (¿dandy?) y puta que no es lo mismo que puto (¿coqueto o Don Juan?). Un poeta vivo uruguayo en Facebook, de quien hablé anteriormente, se resistía a estas propuestas de cambio inclusivo (como si mereciéramos luchar por ese lugar) diciendo que referencias a realidades como “señorita” lamentablemente desaparecerían de la lengua. Insistía en que ello borraría referencias a aspectos fundamentales. ¿A qué realidad se refería? A ese lugar intermedio en el crecimiento que se da entre ser niña y mujer. A este señor, otra vez como al del fulano que se burlaba con lo de “Para un idiomo sin idioma”, se le olvidó observar las connotaciones de “señorita” en nuestra cultura. Speedy Gonzales, el ratoncito de origen mexicano de la animación norteamericana, lo sabía muy bien en su saludo y aparición veloz en escena: “Hola, señorita. Adiós, señora”. Este término que tan ardorosamente discutía a medias se refiere, pues, a la mujer virgen. Eso no lo discutió siquiera. Además, ¿cuál es esa edad de la señorita en tiempos cuando las mujeres son señoritas hasta que se casan y esto puede ser a los 30 o más tarde. En los tiempos de mi bisabuela o abuela, ya a los 12-15 o a los 18. Estas son realidades históricas movedizas y la lengua debe reflejar y militar por actos conscientes, por el bien de todos sin importar el sexo. Siempre me he preguntado ¿por qué la burka hace la aparición en los países árabes y la negación a que las mujeres reciban educación básica? ¿Por qué el feminicidio? ¿Por qué la mutilación genital de clítoris y labios vaginales? ¿Qué provoca y une todas historias con la resistencia a cambios inclusivos? ¿Por qué negar ese avance y esa posibilidad de justicia y equilibrio entre los sexos a través de la lengua?

A un “puteadoro” o club masculino, de esos que legalmente se ven por las carreteras de los Estados Unidos, se le llama Gentlemen Club. Si fuese justa esa lengua tendría que señalar una realidad homónima ¿Será un Club de Damas un club respetable donde se hace “streep tease” y las damas van poniéndole billetes en la cintura al joven que se va desnudando y moviendo para el deleite y placer de las señoras?

IMV: ¿Qué propondrías tú, Madeline, con respecto a la manera en que podría ser implementado ese potencial de justicia y equilibrio entre los géneros a través de la lengua?

MM: ¿Qué tal si en estos tiempos donde se discute acerca de un lenguaje inclusivo proponemos una lista dentro del arsenal ya hecho que evite esa dimensión conflictiva del género? Y, en vez de la palabra hombre para encapsular el género humano, digamos persona(s), seres humanos, humanidad, gente. No sé, algo así ya sería negociar tal resistencia, un puente saludable para un diálogo acerca de las condiciones mentales y físicas de las que gozarían las mujeres si todos aprendiéramos a mirar y considerar al otro/a con sus diferencias. Esto se llama respeto y tolerancia. Tenemos un derecho opinante y debemos hacerlo valer. Quizá el feminismo a ultranza no trabajó esto lo suficiente. Muchos y muchas antifeministas de estos tiempos sueñan un territorio amoroso y pacifista. A largo plazo, sí, abrazo esta propuesta con la aclaración de que hay que hablar de los problemas, de la piedra en el zapato sin pretender que el bienestar de unas arrastra el destino de violencia, maltrato y ninguneo que sufren otras mujeres en el mundo. Habrá que mirar con lupa o microscopio las prácticas sociales entre hombres y mujeres.

En la unión está la fuerza (consenso). A diferencia de lo que la psicología norteamericana da a conocer con el término “male bonding”, este fenómeno social se da de modo diferente. No es casual que los hombres se reúnan a ver deportes juntos y las mujeres en menor medida. Ni que cuando hay fiestas de familia y amigos todavía observemos que la actividad en la cocina así como recoger la mesa la realizan las mujeres. Y los hombres sentaditos como si con ellos no fuera. Hay un implícito contrato donde esas labores se le asignan a las mujeres. Ese territorio de la casa pertenece y se sostiene por la mujer. Libros sobre las diferencias entre nosotras y ellos hay en cantidad, lo que nos falta es a nosotras tomar conciencia de aquellos casos que destruyen cualquier sintagma de valor, toda afirmación de identidades como verdades ineludibles. La educación comienza en casa y nosotras debemos educar a los hombres.

IMV: Existe muchísima resistencia a cambios a nuestra lengua. Eso me resulta interesante. Yo recuerdo una ocasión en la cual, escuchando a mi papá leer un texto de historia (cuando yo era niña él solía sentarme a su lado para leerme ese tipo de textos – de la antigua Grecia, China, Roma, etc. y lo menciono porque mi padre no era un académico y tenía escasísimos recursos económicos. Inclusive se crió en un llamado “caserío” — si eso no rompe estereotipos, no sé qué más podría hacerlo). Noté, tal vez por primera vez, la mención del “hombre” en aquellos textos. En primera instancia, tuve la impresión de que quien hubiese escrito la historia que me narraba mi papá, me estaba excluyendo, porque ya me habían dicho que yo no era un hombre, pero también recuerdo sentir o pensar: “Y… dónde estaban las niñas y las mamás cuando ocurrió todo esto, mientras ocurría todo esto, en qué pensaban. ¿Qué decían?” Porque las mujeres siempre estaban presentes en mi vida, alrededor mío, en la vida diaria, y, sin embargo, nunca estaban presentes en los textos que leíamos. Interesantemente, mi papá, aunque siempre fue un hombre convencional en el modo en el que se refería a mi mamá, irónicamente, me educaba a mí para que no aceptara ese mismo trato “convencional”, y me dedicaba la igualdad que no le dedicaba a mi mamá. Pero como iba diciendo: las mujeres estaban siempre en mi vida diaria, aunque no fuera así en los textos que leía o que me leían. Aparecían, sin embargo, en la poesía, cuando alguien mencionaba su sonrisa, lo suave de sus manos, algo de las curvas de su cuerpo. Y a veces pienso que, tal vez, por eso gravitamos en principio a la poesía: porque es uno de los primeros lugares donde, de pronto, aparecemos, aunque sea del modo en que, usualmente, lo hacemos o hacíamos: descritas por otro tipo de voz, inventadas y narradas sólo a través de cierto tipo de cuentos. En todo caso, para terminar de contarte esta historia, (porque tengo la sospecha de que no es algo que sólo haya experimentado yo), en una de aquellas ocasiones le pregunté a mi papá por qué esas historias no hablaban, también, de las mujeres. Mi papá me explicó que cuando en el texto escribían “El hombre” también se estaban refiriendo a las mujeres y las niñas, y que esa era la manera en que nos referíamos al “ser humano”. Ese debió haber sido, e imagino, también, en el caso de muchas niñas, casi siempre, el principio de lo que en un futuro se convirtiera en una de dos cosas: en aceptación del código de nuestra lengua y sus referentes, o en resistencia a este. O, pienso, también, en ambas al mismo tiempo: cierta aceptación con reservas, con la sospecha inicial de que hay algo en todo esto que no está bien, que te invisibiliza. Y, sin embargo, uno llega a hacer aquello a lo que uno se acostumbra, no necesariamente por aceptación sino por hábito… En mi caso particular, a pesar de haber tenido la idea y/o la sensación de que cuando leía o escuchaba la utilización del término “el hombre”, yo no estaba siendo incluida en la historia, cualquiera que ella fuera, y sintiéndome incómoda con esto, yo no sabía bien cómo interferir, cómo insertarme -para ser escuchada, porque yo necesitaba ser escuchada. “Si no puedes con el enemigo, únete a el,” dice el refrán, y lo hemos repetido a lo largo de nuestras vidas sin intentar imaginar otra solución. El caso es que tampoco era, ni es, desde mi perspectiva y experiencia, necesariamente “un enemigo” sino algo más matizado: una “honda” falta de profundidad, o una vagancia del pensamiento, como lo puede llegar a ser toda rutina – incluyendo nuestro lenguaje. Entonces, luego de haber querido “unirme” a esa convención, por entender que solamente así era capaz de participar en la conversación, en alguna de mis múltiples interacciones con el mundo empecé a comprender, como queda implícito en lo que dices, Madeline, que todo esto es una conversación de la cual nunca realmente participas a menos que agarres tu propio nombre, lo extraigas de la sombrilla debajo de la cual yace, y le otorgues su propio lugar en voz alta.

MM: La resistencia a cambios en la lengua a favor de la mujer me recuerda las historias que contaban las diferentes reacciones a la abolición de la esclavitud negra. Mientras que el cimarrón (Miguel Barnet) se convirtió en un héroe rebelde, otros no veían tal necesidad porque se les hacía un acto de traición. Sintieron que mordían la mano del amo que los alimentaba y vestía. Muchos habían sido esclavos privilegiados. Se les daba educación y mejor vivienda que los barracones sin ventanas si quiera. Ese amo blanco tan amado el lugar se defendió a ultranza del bien común de otros esclavos. Para el esclavo fiel, asumir un lugar de subordinación era la mejor manera de ser agradecido por los premios recibidos. No todo amo esclavista tenía a sus esclavos con el grillete agarrado al tobillo.

Del mismo modo, no todo varón u hombre sea intelectual o inteligente se aplica y se da cuenta los problemas de las mujeres. No poseen una clara conciencia de la repartición desigual de los panes. Por eso, muchas mujeres esclavas y camaradas con sus hombres son las primeras en enlistarse en las líneas de resistencia al cambio. Porque les va mejor o lo que han visto y vivido les cierra los ojos para ver el resto. Las anti feministas son como esos esclavos y esclavas agradecidos que prefirieron darle la espalda a los otros esclavos, asimismo a los abolicionistas blancos y negros. Negros que gustosamente perseguían a los cimarrones.

Para dar con la verdad y la liberación de una lengua sexista es necesario verse en el espejo de estas formas esclavistas y de subordinación. Quienes las seguirán luchando una vez nos vayamos los que hemos degustado de la filosofía y espíritu libertario de los 60 y 70 son las mujeres y hombres jóvenes de estas décadas que también viven con más dramatismo los cambios sociales del arcoíris gay. Esos que enarbolan una bandera compleja con las siglas LGBTQ+ donde no solo entran los homosexuales y lesbianas sino todo ser humano cuya sexualidad no entra dentro de los cánones heterosexuales y ortodoxos. De la mano con esas transformaciones, ¿cómo pretender que la lengua no se mueva como un cuerpo orgánico, vivo, lleno de luz pero también de sombras? Esta misma resistencia la experimentaron los pueblos de Latino América cuando intentaron poner el pie en la luna de la “Real lengua”. El término de realeza que desde el mestizo Inca Garcilaso de la Vega se usó para infiltrar una ideología, la de aquellos nacidos dentro de una nueva realidad —cruce entre españoles, negros e indígenas y mujeres de toda nuestra América— contiene una base ideológica reaccionaria, ultraconservadora, maniquea.

La lengua desde donde hablamos asemeja el clóset donde la persona gay se escondía. Es hora de abrirlo para una lengua con menos sexismo.

_________________________________________________________________________

Madeline Millán es poeta, narradora y traductora. Le gusta mucho la fotografía y el cine. Enseña en la ciudad de Nueva York. Ha publicado 7 libros de poesía, varios de los cuales incluyen relatos cortos. Leche/Milk fue Premio Nacional de Poesía del PEN Internacional de Puerto Rico, 2009. Contracantos: Del aire a la rosa recibió mención de honor por el PEN de PR en 2014. Que el mar no me falte es su antologíapersonal poética (Editorial Isla Negra, Puerto Rico-RepúblicaDominicana, 2019). Es directora de la residencia artística, “Casa Pilar”, en Chapala-México. Su página en construcción está Aquí.

__________________________________________________________________________

Iris Mónica Vargas es poeta, narradora, física y traductora nacida en Puerto Rico. Ha servido como intérprete médico, y actualmente completa sus estudios en medicina. Es la autora de dos volúmenes de poesía: La última caricia (Terranova, 2014) y El libro azul (Snow Fountain Press, 2018). Este último le valió un premio PEN Internacional de Puerto Rico. Acaba de terminar su tercer volumen de poesía, El día en que dejamos la tierra. Tiene cinco libros inéditos —uno de poesía, dos libros de crónicas, uno de memorias, y uno de cuentos. Más de su trayectoria y aventuras se encuentra Aquí.

_________________________________________________________________________

Crédito foto portada: GETTY, reinterpretada via Brushstroke.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s