El cielo es el mar de la luna

Según pasaban las páginas del calendario, las estaciones contagiaban el aire de cambio, las hojas pintaban el paisaje de distintos colores y yo crecía de poco en poco. Mi mente también crecía mientras seguía visitando y pronto aprendí que la cordura no era algo que se pudiese encontrar escondido debajo de un sofá, aunque sí se podía perder, y además la senilidad no era una enfermedad contagiosa. Un día le pedí a mi madre que me dejara visitar a abuelita sola. Quería ver también al señor sin nombre. Continue reading El cielo es el mar de la luna

A las cinco

Toda la mañana de ayer estuve con un dolor de cabeza que ni el café, ni el acetaminofen eliminaron. Los casos a los que llené expedientes van desde una niña con un grano de maíz descompuesto en la nariz hasta veinte puntos de sutura en la frente de un hombre agredido por su esposa en defensa propia. Eso sin contar a Don Jorge, el ex militar que cada cinco o seis días nos visita con el mismo padecimiento inexistente, que se esmera en describir para, tal vez, escapar de la soledad que representa no tener con quien hablar. Continue reading A las cinco

Our First Patient

There is a part of me amazed, a part of me penitent. I am sorry to drag a blade down the middle of your chest, and then to the side, peeling away the first layer of skin and fat. I am sorry to cut through your skin with no intention of sewing it back together again. I am sorry that one of us will crack your ribs, one by one, and watch our professor use a loud saw to separate your sternum. I am sorry that between my cringing, I am still curious, still excited to see what lies beneath. I am sorry that we change our scalpel blades when they get dulled on your body, so that they are sharp again. Continue reading Our First Patient