René

Por Fermina Ponce

Cuento Corto


—¡Qué importa el tamaño de las tetas o si las tengo o no! La verdad es que sólo son herramientas de servicio lácteo (en mi muy limitada visión), o cuando en desuso, se convierten en piezas decorativas de alta armonía estética, y a veces en musas literarias. Viéndolas desde el punto de vista del sexo, sólo son un fetiche del otro, y el otro no soy yo. ¡Qué importa la ausencia o no de mis tetas!¡Qué importa!

El 15 de marzo de 2017 conocí a Fabrizio y a Renata Sousa en Río de Janeiro. Fue un domingo en la playa de Ipanema en que Fabrizio y yo empezamos a conversar, mientras nos traían unas cervezas frías. Hacía como cuarenta grados centígrados. La brisa se había quedado sin vida en las montañas Los Dois Irmãos al oeste de Ipanema.


—Espero que cuando nos traigan las cervezas, estén bien frías para ameritar tanta espera.

Eu também.

Así se inició nuestra amistad.

La hija mayor, Antonia, de 12 años, era la mata del talento y la exquisitez. No me cansaba de observarla en sus recitales de danza. Su pequeña figura se fundía con la música para hacerse una, como si no existiera división alguna entre ella, las líneas de su cuerpo preadolescente, las marcaciones de la música y la coreografía. ¡Qué niña tan bella! Le encantaba bailar maracatu; se la pasaba cantando «Amarelina» de un grupo musical de Recife: «De luz uma passarela/ Lá da janela/ Cor de anilina /Cor que não se via /via Amarelina… ».

Heitor, el hijo menor de 8 años, era inquieto y totalmente sumergido en el surf y el fútbol. Cuando sea grande quiere ser como Pelé. No sé cuándo fue la última vez que escuché a un niño querer ser como Pelé, porque hay un gran número de niños de su edad, que no saben dónde están parados y quieren ser como no sé quién, porque ni ellos saben.

¡Cómo no querer surfear en estas playas de Río!

Cada vez que me pierdo en la longitud de la playa de Ipanema, pienso que la diversidad de este lugar fue creada a propósito. Los colores de piel, ojos, bocas, figuras y pelo de los nativos se conjugan con los miles de millones de turistas que visitan al año la ciudad. Y las olas los juaga, los mezcla, los amarra o ahoga en la proporción de su marea, y el eco de su llamado les deja saber que todo está bien.

Soy periodista, con un poco más de veinte años en el oficio y aún me pregunto por qué siento tanta dificultad para aceptar la nueva realidad de mis amigos, si en mi carrera he visto cosas de todas las dimensiones. ¿Por qué le doy tantas vueltas a esta vaina? ¿Por qué me jode tanto? ¿Por qué me duele vomitar esta realidad caleidoscópica?

A las once de la noche del 12 de agosto de 2017 recibí una llamada de Renata, contándome que la habían diagnosticado con cáncer de mama, y que en tres días le harían una doble mastectomía.

—Elisa, no me salvé de las estadísticas, ahora pertenezco al grupo de mujeres de la cinta rosa.

Y de cobijas, y de reuniones de apoyo, de pelucas y de sesiones interminables para aprender a ponerse las pañoletas o los turbantes en la cabeza. Ahora perteneces a ese grupo de mujeres valientes que a veces se caen del dolor por ese veneno que mata las células malignas, mientras que acaban contigo también. De pronto hasta te receten marihuana para el dolor. Si estás muy jodida y la morfina o lo que te estés tomando ese día no te sirve para nada, prendes el cigarro, pero me das dos fumadas: ese porro lo compartimos para descocernos de la risa. ¡Quiero abrazarte y hacerte sentir que todo está bien!

—¡Elisa! ¿Sigues en la línea?

—Discúlpame Renata, honestamente no sé qué decirte. No soy muy buena para estas cosas, pero te escuché con toda la atención del mundo. ¿Cómo te puedo ayudar?

—Mi diagnóstico no fue todo, tuvimos que internar dos veces a Antonia en un psiquiátrico por intento de suicidio. La segunda vez fue peor que la primera, pero las dos fueron cortadas en las muñecas. Salió hace 5 semanas.

—¡Por Dios Renata!

—No te habíamos dicho nada hasta no saber más.

—¿Y?

—Al salir esta segunda vez, nos dijo que quería ser hombre, que ya no era Antonia y que se quería llamar René.

La hija de mi amiga ya no sería Antonia. ¿La volvería a ver una vez más con su vestido, lista para bailar maracatu? La hija de mi amiga se había esfumado en las cortadas de sus muñecas, como quien se extingue a goticas y en extremo dolor.

—¡René!

—Sí, es un nombre neutro.

—¡No sé qué coño decirte!

Hubo un silencio completamente revelador al otro lado del teléfono. Me quedé callada y esperé a que el espesor del aire, de nuestro aire, se alivianara.

—Heitor aún no sabe nada sobre su hermano. Eso queremos manejarlo con la ayuda del terapeuta. Y bueno, ya conoces a Fabrizio… está orgullosísimo de su hijo por no tener miedo a pesar de todo y de todos. Y yo … estoy frente al cañón.

Fue una conversación muy larga. Nos dieron las tantas de la madrugada. No pude dormir lo que restaba en horas…. ¿Qué haría si fuera mi hija? ¡Tiene 12 años! ¡Qué sabes de lo que puedes querer a los 12 años! ¡Si no hace tanto te parieron mi niña!

Mientras llegaba el día de la cirugía de Renata, me volqué a investigar sobre la transexualidad en Brasil; asumía que sería algo tan colorido e inclusivo como las tardes en Ipanema, pero no. Mientras la mitad de Brasil acepta, incluye, invita, educa y aprende, la otra mitad excluye, maltrata, ofende, golpea y asesina; por ejemplo, en 2016, en la ciudad de Bahía, fueron asesinados 144 transexuales, un 44% más que el año anterior. En 2017 se reportaron 183 asesinatos . Tendré que decirles que nunca que se vayan a Bahía.

Mi René, ¿qué harás con mi bella Antonia?, te pregunto aquí adentro, en silencio, mientras leo estas atrocidades: ¿Cómo sentirá tu alma? ¿Ella también es transgénero?

Sra. Renata, estamos prontos. Em alguns instantes, o anestesiologista chega. Como se sente?

Muito bom doutor Riveira.

¿Como estarán en casa? Espero que no se le haya olvidado a Frabrizio recoger los uniformes de fútbol de los niños, con lo despistado que es… ¡Qué apuestos se ven con sus cortes de pelo! ¡Hasta gemelos parecen!

—Sra. Renata, vou começar a aplicar anestesia. Eu quero que você fique calmo. Pense em algo bonito e conte até cinco.

Mejor cierro los ojos…

5, ya no tienes que huir más de ti mismo, mi amor. Te amo René. 4, no tuviste que ser amamantado otra vez. Mis tetas ya cumplieron, ahora se van para que las tuyas no extrañen tu cuerpo si decides decirles adiós. 3, no le temas a nadie. Eres grande. No olvides todo lo que aprendiste de Antonia. 2, cuando me despierte habrás nacido de mi vientre. 1, y juntos aprenderemos a caminar otra vez.

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FERMINA PONCE – Bogotá, Colombia (1972) Comunicadora social, periodista y, Máster en Gerencia de la comunicación organizacional de la Universidad de La Sabana, Colombia. Máster en escritura creativa en español de la Universidad de Salamanca, España. Sus poemarios, Al desnudo y Mar de (L)una —Editorial Oveja Negra— tuvieron mención de honor a mejor libro de poesía un solo autor ILBA 2018 (International Latino Books Awards) e ILBA 2019 sucesivamente. Su último poemario Poemas SIN NOMBRE —de la misma editorial—fue presentado en la FilBo 2019. En diciembre 2020, Mar de (L)una fue traducido al inglés y publicado en una versión bilingüe Moon Ocean. La poesía de Fermina Ponce aborda temas universales; nos hablan de la naturaleza humana, de sus dualidades, incluyendo las enfermedades mentales. Incursionó en la prosa con dos cuentos publicados por MAGMA editorial, España. A principios de 2020 recibió el nombramiento de Diputada Poeta Laureada de Aurora, Illinois, ciudad en la que reside. Fue nominada por el Consulado Colombiano en Chicago al “Premio Los 22 más” en 2017, en la categoría de cultura, por su contribución cultural en el área de Chicago. La poesía de Ponce ha sido publicada al francés para la revista La Piraña, México.

Fermina Ponce (2020)

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La historia “René” forma parte de la antología “CUENTOS Trans” de la editorial española MAGMA, junto a los otros destacados escritores como Inma Chacón, Germán Padinger, Margarita García Gallardo, Antonio J. Quesada, Sharon E. Smith, Carlos A. Colla, y Miquel Bota.

Stethoscopes & Pencils apuesta por la empatía hacia los seres humanos, con la capacidad que tenemos todos de entablar conversaciones con otras personas, estableciendo puentes que contribuyan a la Salud mental y física de nuestras comunidades, sin importar su color de piel, su capacidad económica, su identidad religiosa o política, su orientación sexual o su Identidad de género.

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